un cuervo

Entredormido leía un cuento intrascendente. Salí del trance cuando llamaron a mi puerta. No podía discernir si era real o parte del sueño.
El frio invernal invadía mi cuarto, prorrogaba mi descanso y extendía mi tristeza. Leonora se había ido para siempre.
Volví sobre aquello que había interrumpido mi hábito nocturno y abrí la puerta de par en par. Nada. 
Retomé la lectura, ya despabilado, cuando llamaron esta vez a mi ventana. Descorrí las cortinas y el aleteo del pájaro agazapó mi curiosidad. Asustado como yo el cuervo se colocó por encima de la puerta.
Inexplicablemente comencé a hablarle. Como es tu nombre dije para mi, pensando. Y el pájaro habló. Never more, dijo en inglés.
Entonces, este pájaro de ébano, por la gravedad de su continente, y por la severidad de su fisonomía, acaparó mi circunstancia. Repetidamente contestó cada uno de mis interrogantes: nevermore, nevermore, nevermore...
(sobre El cuervo, poema de Edgar Allan Poe)

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